El peritoneo, esa membrana serosa formada por dos hojas continuas que recubren la cavidad abdominopélvica y envuelven a las vísceras, tapiza tanto la superficie interna como a ciertas vísceras, pudiendose dividir en peritoneo parietal y peritoneo visceral.
Dibujar con las manos los movimientos que ocurren en las diferentes visceras e interpretar la relación de estas con la parte estructural. Los movimientos deben ser cuidadosos, lentos, dejando que las articulaciones viscerales nos indicaran la ruta a seguir. Es difícil no fijarse en su vascularización e inervación sabiendo que el peritoneo parietal es sensible a la presión, al dolor, al calor y al frío, como lo es también el peritoneo visceral y los órganos que recubre.
Siguiendo el peritoneo con ambas manos el laberinto de sus formas encontramos el omento mayor (epiplón mayor). Cuentan los libros de anatomía descriptiva que es un pliegue peritoneal grande, de cuatro capas, que cuelga como un delantal desde la curvatura mayor del estómago y la porción proximal del duodeno (Moore, 2013), pero mis manos solo han sido capaces de diferenciar dos con el material que disponíamos. Esto es revelador y fascinante, poder “ser” omento mayor por un instante, interpretando el lenguaje braile visceral, el que cada órgano subyacente utiliza para responder ante los estímulos de estiramiento o los cambios químicos.
Anatomía a las cinco 2017 x 09 Fascia visceral, mesenterio y omentum movimientos artisticos
Không có nhận xét nào:
Đăng nhận xét